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El arduo proceso de elegir qué película o serie ver

El arduo proceso de elegir qué película o serie ver

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¿Es más difícil elegir algo para ver hoy que hace 10 años?

Lanzo la pregunta y os recuerdo un factor fundamental en este debate: la infinidad de contenido disponible a nuestro alrededor. Netflix, HBO, Movistar+, Amazon Prime, Rakuten TV, Filmin, plataformas de TV a la carta, webs que no voy a mencionar, el propio Youtube, etc. Basta tener acceso a una de estas plataformas para tener un catálogo del que sólo algunos dueños de videoclub disponían hace apenas unos años, con el agravante de que ellos además tenían que levantarse a meter un CD o VHS (si éste estaba en su caja claro).

¿Acaso esta amplia variedad e inmediatez no es una gran ventaja a la hora de elegir? Lo es. El problema es esta naturaleza humana que nos juega malas pasadas.

Por un lado, “cuando las cosas mejoran, las expectativas aumentan”. Así lo resumió el historiador Yuval Noah Harari de manera brillante al estudiar el impacto del progreso en la felicidad. Y es que, ¿por qué resignarse a la opción segura de repetir algo que ya hemos visto, jugárnosla con la peli que echan en la tele, o elegir la primera serie cuya portada nos llama la atención o nos recomiendan? Si podemos buscar y encontrar por estado de ánimo, reparto, tendencias, o categorías tan rebuscadas como: “relaciones padre-hijo”, “crimen romántico basado en literatura clásica”, o “dramas emotivos sobre drogas aclamados por la crítica ”–podéis buscarlas en Netflix si no me creéis. Podemos personalizar tanto la búsqueda que resulta difícil no hacerse ilusiones de que en algún rincón de ese océano de contenido hay ese “justo lo que estoy buscando”. Ahora añade a la ecuación una segunda persona con sus propias expectativas desmesuradas y, lo mismo para cada persona adicional en una sesión grupal de cine o series; la cosa se complica, sobretodo si te toca el típico que pregunta: ¿cuánto dura esa? No hay que ser psicólogo clínico para saber que cuanto más alta la expectativa, más probabilidades de sentir decepción –las últimas de Star Wars son un buen ejemplo– y por lo tanto de desencadenar la discordia cuando se elige entre varios. Consejo: elegir de antemano.

Por otro lado, pero muy relacionado con lo anterior, está la carga que implica el elegir entre tantas opciones. Probablemente conozcas una de esas personas a las que les cuesta elegir un plato de una carta en un restaurante, sobretodo si ésta es extensa. Y es que esa indecisión suele esconder la contrariedad de tener que descartar todas las demás opciones que nos interesan cuando finalmente elegimos una; y nos carga de responsabilidad o culpa si nos decepciona. En definitiva, nos deja pensando en ese “¿y si hubiera elegido esto otro?”, pero como dice Fito, nunca es lo que pudo haber sido. En cambio, cuando no hay más que una opción, como cuando comemos lo que han preparado en casa, no existe esa indecisión. Es lo que hay. No hay duda de que puede decepcionarte, pero al menos no hay espacio para escenarios alternativos hipotéticos ni el arrepentimiento. Lo mismo pasa cuando elegimos algo para ver. Somos seres contradictorios que necesitamos la posibilidad de elegir para sentirnos libres, pero que al mismo tiempo nos vemos obligados a tomar decisiones por ese poder de elección. Y esa obligación puede vivirse como toda una pérdida de libertad.

No les habíamos mencionado, y lo cierto es que este anuncio ilustra muy bien la frustración de intentar elegir en grupo.

Con esto no quiero decir que el disponer de tanta variedad sea peor o perjudicial, ni mucho menos, sino que se trata de un privilegio que trae consigo ciertos efectos no deseados –ya hablaremos del binge-watching o “atracones de series” en otro artículo. Y es que todos agradecemos poder comparar y elegir entre diferentes opciones cuando se trata de algo que nos importa, incluido el entretenimiento en formato vídeo al que decidimos invertir las próximas 2 horas, días o semanas de nuestro tiempo libre. Sin embargo, hay ocasiones en las que nuestra expectativa, malcriada en estos tiempos que nos permiten tener lo que queremos cuando queremos, nos impide apreciar una obra con la objetividad y actitud abierta que casi siempre merece. ¿No es emocionante cuando descubrimos una joya –película o serie– de la que no teníamos referencias ni prejuicios y a la que simplemente dimos una oportunidad? Hay que reconocer que las opciones de vídeo a la carta de la actualidad hacen más fácil esto gracias a su variedad, y también que con ellas es más difícil equivocarse –si bien hay verdaderos expertos en esto.

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Mi conclusión: no es la tecnología, es la gente. Por eso es importante darnos cuenta de cómo nos afecta para poder modular su efecto. Os lo dice alguien que tarda casi más en elegir una película que en verla –reviso reseñas, porcentaje de tomates frescos en Rotten Tomatoes, otras obras del director, votación de “almas gemelas” en FilmAffinity, artículo de wikipedia, etc.– y que en parte escribe esto para redimirse.

Ya sea solos o acompañados, ¿cómo elegís vosotros?

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  • Sufro del mismo síndrome. Pero algo ha cambiado en los últimos tiempos. El mejor contenido está en las series, y solo las películas que salen en los premios me generan algún tipo de expectativa. Con esto quiero decir que cuando pongo una película de netflix, o bien es un clásico, como la del Lobo de Wall Street que me puse ayer mismo, o directamente espero ver un auténtico bodrio, como fue el caso de la última de Will Smith, Bright. No me digas porque, pero decidí ponerla, y al esperar más bien poco, me encontré con un señor de los anillos en el s XXI, que sin ser maravillosa, me entretuvo, y además trae consigo un mensaje interesante.

    En definitiva, creo que la inversión en contenido audiovisual ha dado tal giro en los últimos años hacia las series, que han dejado al cine un tanto huérfano, rebajando así considerablemente mi expectativa en cada visionado. A la vez, siento que esto me permite dar cabida a esas joyitas que tan bien sientan, y que es tan complicado que surjan cuando hacemos semejante escrutinio (yo también soy de rotten tomatoes, filmaffinty, ibmd).

    Por cierto, lo de Binge watching merece un artículo, porque no es normal como se colapsan todas y cada una de las facetas de mi vida cuando me pego un atracón como el que me acabo de pegar con la casa de papel, dos temporadas en 4 días…

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