Una historia basada en hechos reales que mete el dedo en una llaga que EE.UU. no ha curado.

Hace un tiempo escuché a una pareja decir a la salida del cine: “Nuestra vida no da para una peli”. Si bien no los conocía, no estuve de acuerdo. Y es que el cine, independientemente del género, es una forma de adentrarse en otras personas y vivir situaciones y conflictos que nos hagan preguntarnos: ¿Qué haría yo en esa tesitura? Y es que ser testigos invisibles de la realidad de otra persona –ya sea Nelson Mandela o tu vecina del tercero– nos genera curiosidad y, muchas veces, algo de morbo. Dicho esto, está claro que hay vidas y anécdotas más interesantes que otras, algunas de ellas tan extraordinarias que sería una pena no compartirlas. Intuyo que eso fue lo que pensó Ron Stallworth, primer agente de policía negro en Colorado Springs, EE.UU., cuando, ya retirado y entrado en sus 60, escribió “Black Klansman”, una memoria de la investigación que le llevó a infiltrarse en el Ku Klux Klan en la década de 1970. Surgen varias preguntas cuando procesas esta última frase, ¿no?.

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El libro se publicó en 2014. Menos de 4 años después, el carismático Spike Lee ha estrenado su adaptación al cine: BlacKkKlansman. Sí, le han agregado una “k” por si acaso. Fue el pasado viernes 10 de agosto de 2018 –en España tendremos que esperar a noviembre– y desde entonces el público de EE.UU. está acudiendo en masa, sin duda un alivio para Lee. Y es que a pesar de ser reverenciado como el director que rompió el techo de cristal para otros directores afroamericanos tras éxitos como Malcolm X (1992), Haz lo que debas (2005) o Plan Oculto (2006), Lee también ha protagonizado más de un descalabro en taquilla. Ahora bien, parte del interés generado por BlacKkKlansman se debe a la polémica que acompaña a la película por su trasfondo político. Uno de los principales objetivos de este film, o “joint” como llama Lee a sus proyectos, es denunciar las ideologías nacionalistas y de supremacía blanca que, lejos de ser cosa del pasado de EE.UU., han vuelto con fuerza en los últimos años. Pero antes de ahondar en cómo y porque el director ha hecho que esta historia de hace 40 años sea tan relevante en 2018, pongamos en contexto la hazaña del ex-agente Ron Stallworth, al que interpreta John David Washington, hijo de un tal Denzel.

Certificado de “Klansman”(arriba) y carné de miembro (abajo) concedidos a Ron Stallworth por el histórico líder del KKK, David Duke (interpretado por Topher Grace).

El 10 de agosto, fecha del estreno, fue el primer aniversario de los altercados de Charlottesville, Virginia, donde resultaron heridas decenas de personas y falleció una activista arrollada por la camioneta de un joven supremacista blanco.

Colorado Springs es la segunda ciudad en número de habitantes del estado de –lo habéis adivinado– Colorado, solo por detrás de Denver. Como la mayoría de estados del oeste del país, especialmente los de interior, Colorado ha tenido históricamente una población afroamericana muy baja (actualmente menor a un 4%). Eso justifica parcialmente que el cuerpo de policía de Colorado Springs “tuviese que esperar” hasta 1978 para incorporar a su primer agente negro, Ron Stallworth, un novato con espíritu de veterano. Y es que hay anécdotas que simplemente nos suceden o nos vemos envueltos en ellas, y otras que, de alguna manera, nos empeñamos en desencadenar. Ron optó por la segunda opción un buen día que leyó un anuncio del KKK en el periódico que incluía una dirección de correo (postal evidentemente). Sin debatirlo mucho les hizo llegar una carta haciéndose pasar por un supremacista blanco, y digo sin debatirlo mucho porque la firmó con su verdadero nombre. Dos semanas después, sentado en esa oficina de policía donde aún desentonaba su tupido afro, recibió una llamada del coordinador local del KKK preguntando por él. Las palabras de Ron, llenas de odio hacia todas las minorías posibles incluida la suya, causó una gran impresión en el coordinador, quién le invitó a reunirse con ellos. Aún era su primer año en el cuerpo, y la conversación la tuvo delante del resto de sus compañeros (blancos todos). Lo demás –cómo se infiltró y cómo le invitaron a ser líder local– es historia, con cierta dosis de ficción, que pronto podremos ver en los cines.

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La fecha del estreno, el 10 de agosto, se eligió antes de acabar la película. Era el primer aniversario de los altercados de Charlottesville, Virginia, donde resultaron heridas decenas de personas y falleció una activista arrollada por la camioneta de un joven supremacista blanco. Más allá de ser la demostración reciente más numerosa de la ultraderecha en EE.UU., lo que más sobrecogió fue el uso tan despreocupado de simbología de la confederación, KKK y Nazi; y la presencia de milicias urbanas armadas. Sin embargo, el momento culminante para Spike Lee fue la tibia reacción de Donald Trump hacia estos grupos, cuando describió los hechos como: “[una] indignante muestra de odio, intolerancia y violencia en tantos bandos”. El director decidió incluir en la película imágenes reales de la manifestación y su trágico desenlace. Es pronto para saber si la polémica ayudará o no a la película de cara a optar a premios, aunque Lee ya ha demostrado que le preocupa más remover conciencias que recibir galardones. Por ahora, ya ha ganado el Gran Premio del Jurado de Cannes, donde el director tuvo duras palabras para el presidente de EE.UU. durante su presentación. Tenéis el vídeo sin censura de la rueda de prensa a continuación.

Un par de datos curiosos y una invitación:

  • Con esta película, Spike Lee ya ha trabajado con padre e hijo de la familia Washington. Denzel protagonizó Plan Oculto (2006), una historia con grandes similitudes al de La Casa de Papel. Cuesta pensar que Álex Pina no se haya inspirado al menos un poco en ella.
  • Lee también ha dirigido numerosos videoclips, entre ellos el de Fight the Power, probablemente la canción más famosa del legendario grupo de hip hop Public Enemy.
  • Los que tengan Netflix pueden ver el primer largometraje del director, She’s Gotta Have It (1986) o el re-make convertido en serie de 2017. Se trata de un interesante ensayo sobre la libertad sexual de las mujeres. El propio director interpreta el papel de Mars Blackmon.

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