Cómo bien indica el título, llega el momento de presentar “Reflexiones y rarezas”, un nuevo espacio para dar rienda suelta a nuestras obsesiones e ideas sobre música y cine de carácter más underground o experimental.

Dejar muy claro que todo el contenido es totalmente subjetivo y personal, y tiene el principal objetivo de proporcionar al consumidor de arte perspectivas e ideas nuevas sobre las obras, para así darle la oportunidad de contrastarlas con las suyas propias, porque, en nuestra opinión, uno de los pilares que hacen grande al arte es que la interpretación más valiosa que se le puede dar a una obra es la que TÚ le des como receptor, sin importar que el artista haya contado explícitamente el mensaje de su obra. Somos libres de interpretar las cosas como más nos guste.

Dicho esto, y -en parte- con motivo del reciente estreno de la película “Climax”, hoy hablaremos de otra obra del director de ésta.

Enter the Void (Entra al vacío) es el tercer largometraje del director francés de origen argentino Gaspar Noé (hijo del psicodélico pintor Luis Felipe Noé), autor como pocos, provocador, controvertido y enfant terrible por excelencia. Noé, anteriormente, ya nos había deleitado con dos largometrajes muy bonitos y recomendados para toda la familia, entre muchos otros cortometrajes (algunos de ellos pornográficos, como su película de 2015 “Love”, cuyas escenas de sexo son totalmente reales, pero eso ya es otra historia). Éstos eran “Seul contre tous” (Solo contra todos, 1998), sobre los pensamientos de un carnicero fascista que lo odia todo y a todo el mundo (interpretado por el actor fetiche de Gaspar, el parisino Philippe Nahon), y la que, posiblemente, es mi favorita de toda su carrera, “Irreversible” (2002), película de violencia extrema transgresora y punzante en todos los sentidos protagonizada magistralmente por Monica Bellucci y su entonces marido Vincent Cassel, de la cual sería muy lícito hablar en profundidad en otra ocasión, ya que, para mí, Irreversible significa la invención de una nueva forma de realizar cine de terror.

Llegados ya al final de la primera década del S. XXI, Noé aprovecha el inesperado éxito (moderado) de Irreversible para emprender, de mano de la productora Wild Bunch, un proyecto cinematográfico que llevaba en su mente desde su adolescencia, época en la que empezó a interesarse por las setas alucinógenas.

Primero de todo, lo que quiero explicar sobre Enter the Void es que hay que hacer un esfuerzo y no entenderla en absoluto como una historia entretenida que tiene un inicio, un nudo y un desenlace. Enter the Void es un concepto, una idea. Es cine puramente experimental (y, maravillosamente, con gran presupuesto).

Con Irreversible, Noé sentó las bases de su particular método narrativo y estilístico, usando recursos que son muy reconocibles también en Enter the Void, sólo que en ésta última Noé los lleva al siguiente nivel.

Al igual que en Irreversible, los créditos de la película están todos al principio de ésta. Sobre éstos, el propio Noé dijo que si la película tenía que llevar títulos de crédito, éstos debían ser lo más rápidos y gráficos posibles. Y así es: la secuencia de créditos inicial es absolutamente espectacular. Básicamente es un desfile epiléptico (a una velocidad absurda) de tipografías y colores de todos los tipos que se mueven al ritmo del deliciosamente frenético tema “Freak”, del grupo techno LFO, liderado por el británico Mark Bell, en paz descanse. Noé quiere que desde un principio nos olvidemos rápidamente de los créditos y de que hay un equipo extenso de gente que ha hecho posible el film; sin embargo, los créditos tienen que ir sí o sí en consonancia con la película, la cual es -me extraña mucho que en este punto del post aún no lo haya dicho- psicodélica, pero psicodélica un rato largo (literalmente). Es psicodélica hasta decir basta, y es una psicodelia llevada al extremo, barroca, y lo es porque sí, porque puede. Pero hay una razón de que sea así (no sólo porque queda bonito).

Pasados los títulos de crédito, aparece la palabra ENTER, y entonces empieza la película.

En Irreversible, Noé convierte la cámara en un objeto abstracto que viaja por la ciudad de París moviéndose de formas muy vertiginosas con el propósito de incomodar al espectador, todo siempre con planos secuencia. En Enter the Void, la cámara adquiere otra profundidad, otra dimensión -por decirlo de alguna manera-. Es muy interesante el instante siguiente a la aparición de la palabra Enter: la cámara muestra un edificio con un cartel luminoso con, otra vez, la palabra enter y traza el siguiente recorrido: Haciendo una serie de “parpadeos” muy rápidos, hace un pequeño zoom invertido y, en ese momento, la cámara se ha introducido (recordad que es sólo mi interpretación) en la cabeza del protagonista, Oscar (Nathaniel Brown), un drug dealer americano que vive con su hermana stripper Linda (Paz de la Huerta, creo que la única actriz profesional entre todos los actores y actrices de la peli) en un piso de mierda en Tokio (urbe psicodélica por antonomasia). A partir de aquí, empieza un plano secuencia subjetivo que lleva el concepto de plano subjetivo al siguiente nivel, ya que vemos los parpadeos de los ojos de Oscar (algo nunca visto antes en el cine) y oímos (con reverb y delay) sus pensamientos: La cámara se ha convertido, o se ha aposentado, en el cerebro del protagonista.

Pero la cosa no queda ahí, ya que entonces Oscar se pone a fumar DMT, que es el psicotrópico natural más poderoso del planeta (una sola dosis fumada te lleva directamente al 5º nivel de la experiencia psicodélica, que es el más elevado), y entonces vemos todas las imágenes alucinógenas producidas por la droga en la mente de Oscar, incluyendo un plano en el que la cámara sale de su cuerpo y lo enfoca a él desde arriba. Esto es un efecto real del DMT: tienes la alucinación de verte a tí mismo.

[SPOILERS A PARTIR DE AQUÍ]

¡Pero la cosa tampoco queda ahí! Ya que, después de ser traicionado por un amigo suyo, y aún bajo los efectos del DMT, Oscar muere a causa de un disparo certero por parte de la polícia nipona mientras éste está encerrado en el baño del local (que por cierto, se llama The Void) intentando, sin suerte, deshacerse de los estupefacientes que le llevaba a su amigo. Así que presenciamos la muerte de Oscar directamente a través de sus ojos, mientras su visión y sus pensamientos se van difuminando hasta quedarnos en la oscuridad absoluta. Esta escena, cinematográficamente, para mí, es sublime.

Estamos muertos. Después de este maravilloso plano secuencia, el fantasma de Oscar sale de su cuerpo, (aún con la cámara siendo los ojos de este fantasma) y lo que viene a continuación es todo lo que se describe en el Libro Tibetano de los Muertos (libro que poseía Oscar) desde que te mueres hasta llegar a la reencarnación.

Primero, el fantasma observa todo a su alrededor, con planos cenitales. Viaja de punta a punta de Tokio observando las repercusiones de su muerte en sus seres queridos, sobretodo en su hermana Linda, y se teletransporta a través de la electricidad o la energía. Luego vemos toda la vida de Oscar resumida hasta sus últimos días, con una serie de planos semisubjetivos siempre detrás de la cabeza rapada de Oscar. Entre plano y plano, siempre hay un muy corto plano en negro (como si volviera a parpadear); esto un recurso totalmente propio de Noé, que usa en la mayoría de sus cortos (como “SIDA”) y en Love y en Climax.

La vida de Oscar no tiene absolutamente nada de interesante. Sus padres murieron en un accidente de coche cuando él y Linda eran niños y éstos hicieron un pacto de sangre con la promesa de no abandonarse nunca el uno del otro. Linda niña le pregunta a Oscar “¿y si mueres?”, a lo que él responde “volveré”. Vemos a su madre. De fondo suena Air on a G string de Bach. Todo muy bonico, todo muy “esperanzador”. Ya de mayor, Oscar se va a vivir a Tokio y se mete de lleno en el mundo de las drogas psicodélicas junto con su amigo Alex, y, para ganar dinero, se le ocurre la genialísima idea de hacerse camello. Con el dinero ganado, consigue traer a su hermana a Tokio, la cual, poco después, empieza a trabajar como stripper.

Luego de ver toda su vida, el fantasma sigue observando con planos cenitales las acciones de sus seres cercanos. En un momento dado, Linda se duerme, y, entonces, la cámara/el fantasma entra dentro de su cabeza y vemos, también desde el punto de vista de Oscar, varios sueños que Linda tiene, para después volver a salir de su cabeza (tal cual) y seguir observándolo todo. (El hecho de meterse en la cabeza de personas, el fantasma ya lo había hecho antes cuando, por ejemplo, entra por un momento en la cabeza del jefe de su hermana, mientras éste está manteniendo relaciones sexuales con ella, y vemos la visión subjetiva del jefe.) Llegados a este punto, el nivel de abstracción de la narración es tal que cuesta discernir lo que es real y lo que no, sin saber tampoco si es real o no lo que llevamos viendo desde la muerte de Oscar.

Al final, escenificando el último pasaje que describe el Libro de los Muertos antes de la reencarnación, el fantasma de Oscar sobrevuela la ciudad de Tokio, alterando los colores y la forma de ésta, volviendo a esa psicodelia extrema, con una de las escenas visualmente más bonitas de todo el film. Entonces se mete en un hotel del amor en el cual, yendo de habitación en habitación, observa a japoneses/as y a sus amigos manteniendo relaciones sexuales. Tal y como describe el Libro, sale luz de los órganos sexuales de tod@s ell@s. Finalmente, observa a Linda follando con su amigo Alex. La cámara entra dentro del cuerpo de Linda, entra dentro del semen depositado y vemos el espermatozoide fecundar el óvulo.

La siguiente escena es un nacimiento en primera persona. La visión del recién nacido es borrosa en todo momento, y entonces mira a su madre. El bebé es llevado a la incubadora y aparecen en pantalla y en completo silencio las palabras THE VOID, y se termina la película.

Y aquí es al punto al que quiero llegar con todo esto: A quien ve el recién nacido no es a Linda, es a su madre (esto lo confirmó el propio Noé, que la actriz en esa escena era la madre de Oscar). NO hay reencarnación. Lo que vemos es un flashback de su nacimiento. Oscar NO se reencarna en el hijo de su hermana y su amigo. No hay NADA.

Y es aquí donde radica el significado de la película: Después de 2 horas de absoluta psicodelia LLENA de florituras (que preciosa), y de una utilización del punto de vista de la cámara -para mí- totalmente transgresora, metiéndose en cabezas, en fantasmas, en sueños, en luces, en células, en energía, la conclusión es NADA: EL VACÍO. ¿Y qué es el vacío? ¿El vacío son las drogas? ¿El vacío es la religión? ¿El vacío es el estilo de vida de Oscar y los de su alrededor? ¿El vacío es la vida de Oscar? ¿El vacío es la vida en sí mismo? ¿O el vacío es simple y llanamente la muerte?

Con todo esto, me salen 3 interpretaciones diferentes de la película: La primera, y la que menos me gusta, es que todo lo que hemos visto ha sido un viaje de DMT que ha tenido Oscar en su sofá cuando fumó al principio de la peli. La segunda, es que todo lo que vemos desde que Oscar muere y sale su fantasma hasta la fecundación del óvulo de Linda ha sido una inmensa alucinación de Oscar comprimida en unos pocos segundos antes de su muerte en el suelo de aquel baño producida por el DMT (algo similar al final de ese subproducto llamado “Sucker Punch”, de Zack Snyder). Y la tercera interpretación, y la que más me gusta, es que todo lo que hemos visto entre el disparo y la fecundación, es, en sí mismo, un “viaje” psicodélico brindado por Gaspar Noé que se da en otro plano de existencia, como el falso plano de existencia individual que se crea cada vez que se hace una película. El viaje no es producido en la mente de Oscar por el DMT, el viaje es la película en sí, cuyo objetivo es, simplemente, una decoración exacerbada y excesiva de la nada.

Pero, al fin y al cabo, ¿qué es la nada?

“Yo soy Gaspar Noé, y en mi impetuoso afán de hacer arte siempre, siempre radical (¿Quieres violencia? Pues toma Irreversible. ¿Quieres sexo? Pues toma Love. ¿Quieres psicodelia? Pues toma Enter the Void.) te muestro la nada de esta manera. Te represento la nada como dos horas y pico de psicodelia, psicodelia y más psicodelia.”

Enter the Void visibiliza la nada como lo que no es, o lo que se supone que no es; al visibilizar esa nada, lo que presenciamos es justamente todo lo contrario a lo que solemos imaginar por “nada”: una psicodelia barroca. Una psicodelia barroca para representar la nada.

Y es ahí donde radica el posible mensaje anti-drogas de Enter the Void que compartiría con Climax (aunque de diferente manera): La psicodelia está vacía (y es irreal), es pura ornamentación (que vuelvo a repetir, es preciosa). E igualmente vacío está el vivir en la droga en el sucio mundo real que nos muestra Noé en cada una de sus obras.

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